Solo puedo ver el dios de Teresa de Calcuta, ese dios de sufrimiento y que goza con ver en la miseria a sus “hijos que tanto ama”.

Tristeza que una nota que pudiera servir para comunicar y concienciar sobre una problemática tan preocupante y urgente sirva para “reconfortar” a quien la escriba. Llorar no sirve de nada pero muestra empatía hacía la situación tan precaria y desafortunada; en cambio decir que ahí hay un dios, que permite esa clase de injusticias es hasta enfermo.