‘Solo la voluntad y persistencia nos mantuvo a flote’; CAMINATA DEMATAC 2016

Fueron más de 9 kilómetros de caminata intensa, entre senderos de montaña y selva.

Terracería, potreros, bambúes, arroyos, playa, cerros y selva.

Diez kilómetros que más de 120 excursionistas recorrieron el pasado fin de semana en la Caminata 2016 que organiza la asociación civil Defensores del Medio Ambiente de Los Tuxtlas (DEMATAC)

El objetivo fue hacer conciencia sobre la gravedad del daño ecológico a uno de los pulmones naturales más importantes de nuestra entidad: Los Tuxtlas.

Debido a la ganadería y explotación de sus recursos naturales, la Reserva de la Biósfera de Los Tuxtlas ha sido prácticamente devastada.

 

por ESMERALDA ALVAREZ VENTURA / Enviada Especial

 

Hermosa cascada de El Tucán, su agua cristalina nos dio fuerza para seguir.

Hermosa cascada de El Tucán, su agua cristalina nos dio fuerza para seguir.

Los Organos, San Andrés Tuxtla, Veracruz.- La falta de políticas públicas efectivas, reformas que afectan a los pobladores y la necesidad por parte de los ejidatarios de mantener sus potreros para evitar el retiro de sus propiedades -aún cuando esta actividad económica ya no sea una gran fuente de ingresos-  ha impactado esta importante reserva natural, catalogada como zona protegida.

Aquí la crónica. 

El punto de salida fue el municipio de Catemaco, de ahí en adelante una caravana de automóviles viajamos rumbo a la aventura: se denominó “La Ruta del Tucán” e incluía atravesar la zona conocida como Los Órganos-Playa Hermosa para llegar precisamente a la cascada “El Tucán”, un impresionante chorro de agua de 40 metros de altura, en el cual haríamos “rappel” al día siguiente.

La “Reserva de la Biosfera Los Tuxtlas”, decretada como área natura protegida en la década de los 80’s con una superficie de aproximadamente 155 mil hectáreas de selva perennifolia, que cubre hasta 8 municipios veracruzanos, entre ellos Catemaco.

Al mediodía del sábado 23 de julio, arrancamos la caminata: niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad que percibimos lo caliente del asfalto sobre la carretera; sentimos las piedras bajo nuestros pies en la terracería, una de las áreas más difíciles de transitar.

Nos cobijamos bajo árboles grandes, frondosos de naranja, limón o nanche, hasta de aguacates que en las ciudades se cotizan a precios altos, ahí, con solo alzar la mano o recogerlos del piso los podías obtener.

Eramos más de 100 excursionistas atravesando una parte de Los Tuxtlas.

Eramos más de 100 excursionistas atravesando una parte de Los Tuxtlas.

Atravesamos 5 arroyos de agua cristalina, pura, fresca, revitalizante, que baja de las montañas y que se nos ofrecía para darnos la fortaleza para poder seguir caminando y para ayudarnos, unos a otros, a cruzarlos.

Fue un trabajo en equipo para sobrevivir y continuar la aventura.

No niego que fue incómodo mojarse una y otra vez… caminar con botas llenas de agua no es ni en lo más mínimo algo agradable, tal vez por esa falta de contacto con la naturaleza; estamos tan acostumbrados a la “comodidad” de la ciudad… ¡yo ya no quería atravesar ni un arroyo más!

Al alzar la mirada, la naturaleza se mostraba esplendorosa, pero también te gritaba “mírame, me has deforestado, no lo hagas más”; y como fondo el panorama del mar, hacia allá íbamos.

Antes, una zona de bambúes nos abría paso entre todos esos potreros que lamentablemente han propiciado que mucha zona de la selva haya desaparecido.

La reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, amenazada.

La reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, amenazada.

Las vacas nos miraban amenazantes al invadir su espacio, y el paso se apretaba para no provocarlas.

Al fin llegamos a Playa Hermosa: mucha de la gente que venía de la Ciudad México, no dudó ni por un momento en sumergirse y disfrutar del mar y del sol.

Algunos excursionistas iban en shorts y playeras, sin importar que el monte alto los lastimara.

“Es que de donde venimos no hay sol y eso queremos… broncearnos”, decían tres mujeres entusiastas, durante la caminata DEMATAC 2016.

Hermosos paisajes,

Hermosos paisajes,


Piedras de hace millones de años mostraban indicios del paso de nuestros antepasados: ¿los Olmecas habrían modificado su aspecto? Ahí, a orilla de la playa han visto el paso del tiempo, ahí permanecen, inamovibles.

El sol a las 17:00 horas era intenso y sin sombra… ya cinco horas caminando, nos faltaban dos más para cumplir la meta: algunos se quedaron en este punto, otros más, horas antes habían “tirado la toalla”.

Hermoso atardecer, en la costa.

Hermoso atardecer, en la costa.

Alrededor de cien seguiríamos y cumpliríamos el reto, a eso habíamos ido: el cansancio había invadido, pero la voluntad, persistencia y resistencia nos mantenía a flote.

Íbamos rumbo al cierre de esta aventura y no fue nada fácil: subir, subir y subir, fue lo más desgastante… una hora que se sentía eterna… pero 2 monos aulladores hicieron que por un momento se nos olvidara el cansancio de nuestros cuerpos que estaban al punto del colapso.

Los Tuxtlas se pueden contar hasta 15 tipos diferentes de vegetación, entre las que figuran: selvas tropicales, selvas secas, manglares y bosque mesófilo de montaña. Además, se han registrado unas 2,697 especies de flora (9 endémicas), 566 de aves (2 endémicas), 193 de mamíferos (1 endémica), 120 de reptiles (10 endémicas) y 46 de anfibios (4 endémicas).

En un momento de descanso escuchamos el sonido gutural de los monos zaraguatos.

-“Guarden silencio, ¿escuchan ese ruido? Son monos”, dijo Tony, uno de los guías de avanzada.

-“¿Qué tipo de monos son?, le preguntaron.

-“Es una pareja de monos aulladores que hay en esta zona, que bajaron de la montaña y se quedaron por acá”, respondió.

Y en efecto, estaban cerca de nosotros, más cerca de lo pensábamos. Enseguida se dejaron avistar y permitieron, por un momento, que nos lleváramos su presencia como recuerdo.

Nos encontramos una familia de monos aulladores.

Nos encontramos una familia de monos aulladores.

Pero teníamos que finalizar: después de la subida del cerro llegamos a la selva, en casi 9 kilómetros de recorrido donde toda el área ha sido modificada para la ganadería, ese pedacito de selva es de lo poco que nos queda.

No era fácil, al caer la tarde las culebras tienden a salir, así que la indicación era no transitar fuera del camino; agarrarse muy bien de la cuerda para evitar resbalarse.

En la vereda una de las serpientes nos recordó que ese es su hábitat: un reciente cambio de piel en medio del pasaje era la prueba.

Y ahí, al final, la cascada “El Tucán” se mostraba majestuosa: esa era la recompensa, nuestro cierre.

Trabajamos en equipo para poder continuar.

Trabajamos en equipo para poder continuar.

Para premiar el esfuerzo, la gran cascada natural nos revitalizó, bajo de ella el gran chorro servía para dar masaje al cuerpo agotado y como magia, devolvía lo que en 10 kilómetros dejamos: la energía.

Posteriormente la comida, un baño, colocar la casa de campaña y disfrutar de la fogata, la plática de las experiencias vividas y el son jarocho del grupo de Cosoleacaque “Los Choclock”.

El cielo nos tenía un último regalo: estrellas fugaces, estrellas por todas partes y una luna que alumbró nuestro campamento y arrulló nuestros sueños.

La Reserva de La Biosfera de Los Tuxtlas, en una sola palabra: inolvidable.

El agua fresca de arroyuelos nos daba fuerza para seguir adelante.

El agua fresca de arroyuelos nos daba fuerza para seguir adelante.

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