Las Matas, ¿Omisión o negligencia?

ROMPE OLAS

por JORGE CÁCERES

Todos sabemos que transitar la carretera Coatzacoalcos-Minatitlán es una aventura demasiado riesgosa, que en el mejor de los casos puede derivar en solo una ponchadura de neumático o quizás salirse de la vía, para incrustarse con el automóvil hacia el pantano.

Jorge Cáceres, subdirector editorial de El Heraldo de Coatzacoalcos y director de Costa Veracruz.

Jorge Cáceres, subdirector editorial de El Heraldo de Coatzacoalcos y director de Costa Veracruz.

Pero en los casos más trágicos, conducir por la carretera conocida como Las Matas, puede resultar en severo accidente con la muerte de los conductores.

Sí, todos los habitantes de la zona sur sabemos esto. Pero vivirlo es un asunto muy diferente.

En la madrugada del sábado pasado, me tocó viajar por la carretera 180 de la Coatza-Mina, Las Matas. Había una lluvia torrencial y obligadamente me vi encerrado ahí, con todo y vehículo en una vía rodeada del pantano y sobre el camino lleno de baches. Había encharcamientos, la oscuridad penetraba todo, dejando prácticamente invisible los cráteres del asfalto, pues la luz era reflejada por las gotas de lluvia, opacando la vista.

Era como conducir a ciegas, como si se tratara de un acto de fe. Sabiendo que por ahí debajo había un hoyanco el cual había que evadir. Suponiendo, siempre suponiendo y con la rodada a máximo 40 kilómetros por hora. No tardé ni tantito en practicar rezos, laudes, letanías y jaculatorias para que la Santísima Trinidad me salvara de aquel tortuoso camino.

Tampoco ayudaban los demás conductores que nos atrevíamos a transitar ahí a pesar de la oscuridad y lluvia. Un taxista me marcó sus luces altas durante todo el camino, detrás de mí, e hice todo lo que cualquier persona sensata haría en ese momento: “¡pos bríncame güey!”, le grité, enseñándole la uña de mi dedo más largo. Pero pronto reparé en que todo era inútil, el taxista seguro ni me ve ni me escucha. La lluvia era cerrada.

Así que seguí con los ojos bien abiertos, deseando no caer en alguna trampa mortal, en cualquier cráter. ¿Acaso el pantano me llamaba?

Afortunadamente tras varios minutos que parecieron toda una eternidad, me vi libre, tras tomar la intersección con la autopista. Mis rezos funcionaron. Pero – hágame usted el favor- ¿qué necesidad tiene cualquier conductor de evocar la divinidad cuando uno coge el tramo Las Matas?

Desde que yo recuerdo, la carretera Las Matas siempre ha estado así, semi-destruida. Todos lo sabemos, pero ¿acaso lo sabemos todos menos los políticos? Pronto comprendí que aquella experiencia era escriturable, era materia prima para mi próxima colaboración periodística.

Ocurre que la carretera Transísmica Coatzacoalcos-Minatitlán une toda una micro-región con casi un millón de habitantes. Tanto Coatzacoalcos como Minatitlán tienen industria petrolera estratégica para el país.
Desde cualquier punto de vista, o argumento sólido, las pauperizadas condiciones en que se encuentra esta vía no es justificable. ¡No está bien!, ¡Vamos, no es normal!

La directiva de la CMIC local nos ha dicho que su rehabilitación con concreto asfáltico superaría los 300 millones de pesos; una cifra que no es nada a comparación de los más de 5 mil 500 millones de pesos que ha absorbido el costo del Túnel Sumergido y que -por cierto- sigue absorbiendo recursos monetarios de fondos públicos.

La carretera Las Matas tiene una longitud de 13.5 kilómetros y, según los últimos datos que logró obtener la diputada federal Rocío Nahle, tanto su conservación como mantenimiento depende del Ayuntamiento de Minatitlán.

Sobre esta carretera Las Matas, la ruta petrolera Coatzacoalcos-Minatitlán, se presenta un tránsito diario promedio anual de 26 mil 345 vehículos. Más de 26 mil conductores que día a día tienen que vivir bajo este calvario, que ponen su suerte al volante al transitar sobre el pantano.

Según datos de Protección Civil de Cosoleacaque, cada día, ¡cada 24 horas!, se registran hasta tres accidentes por ponchaduras o incluso más graves, hasta volcaduras o salidas hacia el pantano. La única cifra que logré poseer es que en 2015 murieron 30 personas por accidentes en esta carretera, que es mortal por lo paupérrima en sus condiciones que realmente la hacen intransitable.

Y más: de acuerdo al Consejo Estatal de Prevención de Accidentes, el municipio de Coatzacoalcos está considerado a nivel estatal entre las primeras 11 localidades con mayor número de accidentes viales. Este tipo de percances en carreteras son la segunda causa de muerte en Veracruz, así lo dio a conocer el secretario técnico del Consejo Estatal de Prevención de Accidentes.

Todos estos datos están a la vista, son consultables. Lo sabemos todos, lo sabe la prensa, lo saben los conductores. Entonces, ¿por qué no actúa el Gobierno? Ya sea por omisión o negligencia, el Gobierno no hace nada por esta vía. Lo sabemos todos, lo sabe la población, lo saben los políticos.

Y lo que es quizás peor, la misma ciudadanía no hacemos tampoco nada ante esta indolencia.

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