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‘Vivimos al día’

SIN VENTAS LOS COQUEROS

Los coqueros no pueden dejar las calles, sus familias dependen de esos ingresos.

Sus ventas han disminuido más del 60 % por la cuarentena- no saben qué van hacer si les piden que desalojen.

/ Esmeralda Ventura /

Coatzacoalcos, Ver.-

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ALGUNOS NO SON NI DUEÑOS DE ESTE NEGOCIO.

Para Héctor, Elena, Misael y Ariosto, quienes viven al día vendiendo cocos, raspados, mangos y glorias, cerca del Paseo de las Escolleras, quedarse en casa no es una opción, tienen que salir a trabajar para ganar dinero, aun sabiendo que son vulnerables de contraer el COVID-19.

A pesar de que desde el 31 de marzo se decretó Emergencia Sanitaria Nacional por Coronavirus, extendiendo la cuarentena hasta el 30 de abril, estos comerciantes siguen instalándose en el Malecón, pues de lo que ganan mantienen a sus familias y no tienen otra opción de ingresos.

Ellos forman parte del 52.6 por ciento de la población mexicana que labora en el sector informal y cuyo ingreso es diario, sin protección laboral, acceso a instituciones de salud ni seguridad social, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI.


CRISIS

En entrevista para COSTA VERACRUZ, don Héctor Espejo Hernández, de 43 años, con una tradición familiar en la venta de cocos, dice que desde hace más de 30 años cuando su padre comenzó a vender en la playa, en el Centro de la ciudad y finalmente en el Malecón, no habían padecido una crisis como la que está ocasionando el coronavirus.

“Las ventas han bajado en un 60 por ciento y se empezaron a resentir desde hace 15 a 20 días cuando la gente comenzó a ser escasa en esta área del Paseo de las Escolleras”, comenta don Héctor.

“Raspados El Espejito” es un negocio familiar que da sustento a siete personas, los cuales quedarían al desamparo al cerrarlo.

“Este negocio es de mi padre y ellos dependen de lo que vengo a trabajar; también mi esposa y mis hijos y lo malo que esta contingencia nos agarró en los tiempos buenos para nosotros como es la Semana Santa, cuando más gente llega a la playa y aumentan las ventas”, lamenta el comerciante.

Héctor Espejo manifiesta que están adheridos al sindicato de la CTM, pero no han recibido alguna indicación de ellos ni de alguna autoridad; asimismo desconoce si el gobierno dará apoyos a los comerciantes informales, los cuales serían de gran ayuda.

A pesar de que la medida #QuédateEnCasa ha pegado negativamente en la economía de “Raspados El Espejito”, don Héctor reconoce que la gente está haciendo caso y eso es bueno para salir pronto de esta contingencia sanitaria.

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COCOS EL ESPEJITO


TRABAJADORES

Para Ariosto Santos Hernández, de “Raspados El Chiapaneco”, la situación se complica al ser un trabajador cuya encomienda es sacar para la comida de seis personas que dependen de él: su esposa, hijos y suegros.

“Las ventas han bajado un 50 por ciento, sino es que más, el detalle está en que a nosotros no nos han dicho nada, ya el día que vengan y nos digan que nos tenemos que guardar, pues lo haremos, ni modos y tratar de ver si nos dan un apoyo porque vamos al día, no tenemos otra actividad”, explica el vendedor.

Santos Hernández platica que desde la semana pasada comenzaron a bajar las ventas y que aproximadamente saca de ganancia para él como 150 pesos, lo cual es poco para solventar los gastos familiares.

Por su parte, Elena Crisóstomo y su esposo Misael Maldonado Santos, quienes atienden el negocio de cocos denominado “Solano”, coinciden en que las ganancias han disminuido en un 50 por ciento desde hace dos semanas, lo que les ha afectado en la manutención de sus tres hijos.

“Con estas ventas la verdad nos cuesta invertir, ya nos bajó demasiado, queremos ver si el gobierno nos ayuda con algo porque la verdad sí estamos a raya, si antes hacíamos dos comidas, ahorita no sostenemos con una” expresa doña Elena.

La comerciante revela que debido a la situación, muchos coqueros ya no se han instalado esta semana.

“En este lado (frente a la playa) ya no vinieron como seis; de los tricicleros que son como diez, nada más hay dos, nos está afectando mucho la economía; aunque ya estaba baja la venta por todo lo que estaba pasando, nos compraban como 30 cocos, ahora, si acaso 15”, puntualiza.

Mientras tanto, Elena y Misael siguen abriendo desde las 9 de la mañana a las 7 de la noche, aunque aseguran que las banquetas lucen desiertas: “No hay gente, no hay nada, no se vienen a sentar”.

Ambos ven cerca el día en el cual se imponga cierre total de negocios y no les quedará más que irse a su casa.

“Prácticamente no vamos a hacer nada, quién le va a dar trabajo a él, si el patrón cierra, nos vamos los dos, no hay ahorros, vivimos al día por los niños”, suspira.

Finalmente, Elena reconoce que al instalarse a pesar de las medidas impuestas por el Sector Salud se arriesgan a contraer la enfermedad y llevarla a casa, por lo que mientras tanto, en el negocio colocan jabón y agua para lavarse las manos, así como gel, tanto para los clientes, como para ellos que manipulan dinero y comida.

 

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