investigaciones especiales

Interoceánico afectará al medio ambiente

CORREDOR INTEROCEÁNICO DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC

JUCHITÁN, Oax.

Agua, drenaje y plantas de tratamiento serán los principales retos que enfrentarán los parques industriales o Polos de Desarrollo para el Bienestar (Podebis) que impulsa el programa Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT), alertan expertos, quienes señalan que son inminentes las afectaciones al ambiente.

De un total de 10 polos propuestos por el CIIT para establecerse en la ruta del Tren Transístmico de Salina Cruz, Oaxaca a Coatzacoalcos, Veracruz, se han seleccionado cuatro municipios, dos de Veracruz y dos de Oaxaca, pero también se tienen identificados a seis más, tres por cada entidad, según el Resumen Ejecutivo del Plan Maestro, del cual EL UNIVERSAL tiene una copia.

Sólo uno de esos polos, sometido bajo la lupa de los especialistas en temas de agua para el consumo humano, de uso industrial y para el riego, así como de aguas residuales, que se ubicará tentativamente en tierras ejidales de Rincón Vaquero, del municipio de El Barrio de la Soledad, requerirá de 1.1 millón de pipas de 10 mil litros de agua al año en su inicio, en 2023.

En total, todo el proyecto requerirá de 227 millones de metros cúbicos de agua para 2023, cantidad que será de 265 millones en 2030 y llegará a los 348 millones de metros cúbicos de agua en 2050.

El especialista en tratamiento de aguas, Iván Hernández Martínez, señala que la primera preocupación que debe responderse es de dónde se obtendrán esos volúmenes de agua para el uso industrial, pues hacer pozos profundos de 50 a 100 metros podría secar los mantos freáticos. «¿Harán estudios geohidrológicos?», pregunta y añade otra interrogante: ¿A dónde se verterán todas las aguas residuales?

De acuerdo con el Resumen Ejecutivo del Programa Maestro, sólo el Polo de Desarrollo para el Bienestar proyectado para Rincón Vaquero producirá 8.8 millones de metros cúbicos de aguas residuales al año. Eso equivale a 900 mil pipas de 10 mil litros cada una, por lo que el experto señala que se necesitaría construir una planta de tratamiento de aguas con capacidad para atender un gasto de 300 litros por segundo, que requeriría una inversión de unos 200 millones de pesos.

A nivel general, todo el Interoceánico generaría 197 millones de metros cúbicos de aguas negras en 2023 y alcanzarían un pico de 285 millones de metros cúbicos en 2040, para bajar a los 281 una década después, indica el resumen del plan maestro.

Por ahora, el CIIT ya contempla en los cuatro Polos de Desarrollo ya definidos la compra de 800 hectáreas de tierras: mil 258 hectáreas en Coatzacoalcos; 248, en Sayula de Alemán, ambos en Veracruz; 349 hectáreas en El Barrio de La Soledad y 85 en Salina Cruz, en Oaxaca.

Según la proyección estimada en el apartado Provisión de Infraestructura, esos cuatro polos o parques industriales van a necesitar de 29.6 millones de metros cúbicos de agua por año a partir de 2023 (un metro cúbico tiene mil litros de agua) y lo más preocupante es que van a generar cada uno 23.6 de millones de metros cúbicos de aguas residuales al año.

¿De dónde saldrá el agua y la energía?

Pese a estas estimaciones, para Tore Knape Macías, especialista en Protección Civil y rescate, los mensajes oficiales han prometido durante dos años que el Corredor Interoceánico aumentará el transporte de mercancía de puerto a puerto, «pero no hemos escuchado ni, menos, visto de acciones que mejoren el sistema de agua, que haya drenajes y plantas de tratamiento».

Recuerda que en los municipios de la zona norte del Istmo, por donde tiene su influencia el Tren Transístmico, como Matías Romero, El Barrio de La Soledad, Santa María Petapa y San Juan Guichicovi, no cuentan con plantas de tratamiento de aguas residuales, no hay hospitales ni una central de bomberos.

Fernando Mimiaga Sosa, consultor en temas de energía, agua y medio ambiente, espera que los programas de desarrollo del CIIT no repitan los viejos esquemas viciados del pasado que impusieron proyectos en el Istmo, como el cultivo de caña o arroz, que fracasaron. «La preocupación radica de dónde obtendrán tanta agua y energía y dónde enviarán los residuos», dice.

Lo anterior, explica, porque en el sur de Oaxaca hay un déficit de energía; las nuevas empresas van a requerirla. «Sabemos que hay un proyecto de un gasoducto que viene de Texas a Veracruz y de ahí a Salina Cruz, pero en algunos casos hay que licuarla y otras veces debe estar en su estado gaseoso, dependiendo de su transportación», añade.

Esa preocupación se entiende porque sin agua, plantas de tratamiento de residuos domésticos e industriales y sin energía, que son elementos esenciales para detonar el desarrollo de los pueblos, el Plan Transístmico volvería a tener el mismo destino de los anteriores proyectos que crearon expectativas que, conforme pasaron los años, propiciaron la frustración.

El resumen ejecutivo del Plan Maestro indica que en un periodo estimado de tres años, o sea en el 2023, el CIIT comenzará a escalar su cadena de valor en las áreas de agroindustria y silvicultura, energía, manufactura, servicios y logística, que con inversiones del orden de 50 mil millones de dólares, generen poco más de medio millón de empleos en el Istmo de Tehuantepec.

corredor interoceánico.

¿Y el impacto ambiental?

Además, ante el proyecto del CIIT de instalar fábricas de industria ligera y pesada, deberán elaborarse Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA), señala el coordinador regional del Comité por la Defensa de los Chimalapas, Miguel Ángel García.

«Aunque sean tierras sin vocación para la agricultura y la ganadería, donde van a instalar esos parques industriales van a desmontar, a meter maquinaria pesada y habrá afectaciones a la flora y fauna endémica (…) La Semarnat debe estar presta para autorizar o no las manifestaciones».

Según el proyecto del CIIT para el Polo de Bienestar de Rincón Vaquero, se necesitarán 349 hectáreas donde se instalarán fábricas de industria ligera y pesada. Para instalaciones de esa magnitud, señala el coordinador regional del Comité por la Defensa de Los Chimalapas, Miguel Ángel García Aguirre, deberán elaborarse Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA), aunque sean tierras que no se usen en la agricultura.

«Aunque sean tierras sin vocación para la agricultura y la ganadería, en todos los sitios donde se vayan a instalar esos parques industriales van a desmontar, a meter maquinaria pesada y habrá afectaciones a la flora y fauna endémica y alguien debe remediar esos daños. Creo que la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) debe estar presta para autorizar o no las manifestaciones», advierte este defensor de la selva.

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