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Los alimentos ultra-procesados dañan la salud, de verdad.

  • Los hombres con dietas nutricionalmente más pobres tienen un 30% más de riesgo de cáncer de colon, una asociación que no se ve en mujeres. Otra investigación revela que las personas que comen peor tiene un 27% más de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular

Ciudad de México (El País), 1 septiembre de 2022.-

Comer, bien o mal, puede hacer virar la balanza entre la salud y la enfermedad. La dieta juega un papel crucial en el desarrollo de enfermedades crónicas, como la obesidad o la diabetes, y la comunidad científica encuentra cada vez más vínculos entre la ingesta de alimentos poco saludables y su repercusión en la salud. Dos estudios publicados este miércoles en la revista British Medical Journal (BMJ) avanzan en esta línea y alertan del riesgo del consumo de alimentos ultraprocesados: una de las investigaciones encontró que los hombres con dietas nutricionalmente pobres tienen casi un 30% más de riesgo de padecer cáncer de colon, una asociación, por cierto, que no vieron en el caso de las mujeres. Otro estudio, por su parte, reveló que los individuos que comen de forma menos saludable tienen también un 27% más de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular. A pesar de las limitaciones que presentan —son estudios observacionales que encuentran una asociación, no causalidad—, sendas investigaciones ponen el foco en la amenaza para la salud de este tipo de alimentos. Las enfermedades cardiovasculares y el cáncer se encuentran entre las primeras causas de muerte en el mundo.

Los alimentos ultraprocesados suelen tener menor calidad nutricional que los no procesados. Más sal, más azúcar, más grasas, menos fibra y menos vitaminas y minerales. Según el sistema nutricional NOVA, una escala de clasificación de alimentos según su nivel de procesamiento, son “formulaciones industriales” que incluyen sustancias alimenticias como edulcorantes, colorantes o aditivos, entre otros, para darle un determinado aspecto o sabor o que sean duraderos, accesibles o estar listos para comer. Son, por ejemplo, aperitivos envasados, bollería industrial, galletas y cereales edulcorados, bebidas azucaradas y productos listos para cocinar, como pizzas, hamburguesas o barritas de pescado, por ejemplo.

La comunidad científica ha estudiado sus riesgos, sobre todo, para desarrollar enfermedades cardiovasculares, metabólicas y cáncer. Y aunque hay evidencia de su papel, una asociación entre el consumo de estos productos y una peor salud, todavía no se ha podido establecer una relación de causa-efecto. Todavía no se puede demostrar que comer muchas hamburguesas, salchichas y refrescos provoque problemas cardiovasculares, pero sí que las personas que consumen mucho estos productos tienen un riesgo mayor de desarrollarlos.

Accesibilidad a alimentos frescos

En lo que coinciden los científicos es en la necesidad de poner coto al consumo de estos productos. En España, donde los expertos alertan de que la población se está alejando de la saludable dieta mediterránea, el consumo de ultraprocesados fue del 24,4% del total de energía de la dieta; en Canadá ronda el 62%; en Estados Unidos, el 58% y en el Reino Unido, el 53%. “Hay que explicar a la población la importancia de esta dimensión. Mucha gente tira de estos alimentos porque no es consciente. Lo que compras en el mercado del barrio no es ultraprocesado; lo que compras en la estantería del súper, seguramente sí”, expone Romaguera, que reclama más accesibilidad a productos frescos, gravar las bebidas azucaradas y cambiar los hábitos de consumo.

Comida saludable, la dieta mediterránea.

Todo el mundo necesita alimentos, pero nadie necesita alimentos ultraprocesados. La analogía es el tabaco”, advierten en el editorial de la revista médica BMJ Carlos Monteiro y Geoffrey Cannon, expertos que reclaman más acceso a productos saludables y políticas públicas que aconsejen evitar los ultraprocesados e insten a reducir su producción. “En el Reino Unido, recientemente se rechazó una versión de tales políticas encargada por el Gobierno, aparentemente con el argumento de que la población necesita alimentos baratos, especialmente en tiempos difíciles. Pero nadie sensato quiere alimentos que causen enfermedades. La solución positiva general incluye hacer que los suministros de alimentos frescos y mínimamente procesados estén disponibles, sean atractivos y asequibles”, apuntan Monteiro y Cannon.

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