investigaciones especiales

La Catrina. La muerte le sienta bien

Un desfile muy vistoso de la Catrina, en Xalapa.

CIUDAD DE MÉXICO, octubre 30 (EL UNIVERSAL).-

La Catrina se ha convertido en símbolo de la celebración de Día de Muertos, así como en un icono representativo de nuestro país en todo el mundo.

Aun cuando su figura se asocia con la fiesta y el humor, no deja de ser a la vez un recordatorio de la mismísima muerte.


En torno a este personaje se han realizado canciones, obras de arte e, incluso, hace unos días se llevó a cabo un gran desfile sobre la avenida Paseo de la Reforma en su honor. Lo que pocos saben de ella es que nació como medio de protesta y, poco a poco, se convirtió en un mito de la cultura popular. Hoy en día, su imagen forma parte de la decoración de la festividad de muertos (tanto en impresiones de cartón como figuras hechas a mano), además de que su vestimenta y característico aspecto sirven de inspiración para la ejecución de impresionantes maquillajes.

Origen desconocido

Desde miles de años atrás, las calaveras eran vistas como un elemento sagrado en diferentes culturas mexicanas, debido a que las familias acostumbraban a mantener cerca los restos de quienes habían trascendido al más allá. El pintor, ilustrador y caricaturista José Guadalupe Posada tomó como referencia esta figura para darle nombre al primer dibujo de la Catrina, conocida en un inicio como «La Calavera Garbancera», cuyo grabado original se elaboró en metal.
Dicho calificativo hacía referencia a los vendedores de garbanzo de antaño, quienes, a pesar de tener un origen indígena, buscaban aparentar ser de origen europeo (ya sea españoles o franceses), negando de esta manera su raza, herencia y cultura.
Contrario a como la conocemos hoy, la primera Catrina no vestía ninguna prenda, solamente un llamativo y gran sombrero de plumas, imagen que representaba a todas aquellas personas que pretendían ser más de lo que realmente eran o tenían.
Fue a partir de 1910 que se popularizaron las sátiras escritas sobre la vida política del país y las clases altas. En estas publicaciones, conocidas como calaveritas, aparecían elegantes esqueletos masculinos (llamados catrines) acompañados de una dama, a quien se le bautizó como Catrina.
Más adelante, en 1947, el artista mexicano Diego Rivera le dio un opulento atuendo a este personaje dentro de su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, en el cual vestía una estola de plumas con forma de serpiente, en alusión al dios Quetzalcóatl. Desde entonces, comenzó a llamársele popularmente como la Catrina.

Por siempre elegante

La imagen de este personaje ha sido objeto de culto durante muchos años, ya que cada uno de sus elementos guarda un significado. Su vestimenta se ha modificado bajo la visión de diferentes artistas, así como de miles de mujeres que cada año rinden homenaje a ella mediante llamativos disfraces.
«Es común verla portar en ilustraciones una blusa del siglo XIX con cuello alto, mangas abullonadas, así como encaje o plisados en la parte superior. Esta pieza se complementa con una gran falda con holanes, incluso con polizón.
«Con el paso de los años se han integrado nuevos elementos a su indumentaria. Por ejemplo, se resaltan mucho los bordados mexicanos y se ha incorporado el rebozo, una pieza tejida característica de nuestro país», indica Lydia Lavín, diseñadora de moda e investigadora sobre textiles nacionales.
Su estatus de icono la ha llevado a trascender los linderos de la moda. Tal ha sido su impacto, que también se representa con vestimentas más modernas, como trajes largos de noche (tanto con faldas de tipo sirena como de corte princesa), vestidos cortos con flores de colores e, incluso, pantalones sastre.

Un look para morirse

En el dibujo original de la Catrina, además de su opulento sombrero, ella llevaba un par de moños a la altura de las orejas, detalle que hacía referencia a la manera en que las empleadas domésticas se arreglaban antiguamente. Las ilustraciones más modernas dan cuenta de la transformación que ha sufrido la imagen de este personaje. Entre los elementos que más llaman la atención son, sin duda, los elaborados peinados con que se muestra hoy en día.
«Estos se inspiran en las mujeres oaxaqueñas de Ixtepec o Juchitán, y se caracterizan por llevar trenzas gruesas y tocados de flores. En ocasiones, también la vemos portando un tlacoyal, es decir, un turbante hecho con estambres de colores, muy típico de las comunidades de Oaxaca, Guerrero y Puebla», menciona la diseñadora mexicana.
Su aspecto huesudo se ha convertido en el motivo principal del maquillaje más representativo y tradicional de las fiestas de muertos.

Los looks de belleza actuales, cargados de un gran colorido, se complementan con detalles de flores o iconografía indígena.
Es así como la Catrina pasó de ser una sátira de la población mexicana que renegaba de sus raíces para convertirse en la imagen por excelencia de la celebración de Día de Muertos, además de ser un recordatorio de que, sin importar los problemas que atravesemos, siempre tendremos una sonrisa y una actitud festiva.

CIUDAD DE MÉXICO, octubre 30 (EL UNIVERSAL).- La Catrina se ha convertido en símbolo de la celebración de Día de Muertos, así como en un icono representativo de nuestro país en todo el mundo. Aun cuando su figura se asocia con la fiesta y el humor, no deja de ser a la vez un recordatorio de la mismísima muerte.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: